sábado, 22 de diciembre de 2007

Te va a salir por donde no esperaste


Los caballos se impacientaban. Un grito militar parecía no poder calmar su incomodidad. La extensa línea de gente, que crecía en grosor con el bajar del sol, los inquietaba. Su función, lejos ya de la naturaleza, era provocar cierta disciplina. Pero no lo lograron: los pibes de la fila no pararon de cantar. Son muchos. Demasiados, para una fiesta, que surgió de carambolas. No sabían que los trajeron para civilizar, lejos ya de su naturaleza. Mientras tanto, se armaba la noche de luna llena que iluminaría la última parada de la Gira Civilización 2007, en el Estadio Único de La Plata, originalmente programado para el de Gimnasia y Esgrima.


En los alrededores del Estadio, además de muchos caballos había mucha seguridad. Los pibes chistaban cuando veían que en la puerta quedarían los soportes de banderas que habían traído y algunas tuvieron que dejar hasta sus desodorantes. Los empleados de seguridad no se detenían en disculpas y que pase el que sigue. Así, la fila fue llenando el estadio. La espera se regó de un viento frío que agarró a muchos desprevenidos. Para zafar, algunos bailaban aunque no hubiera música. Mientras tanto, Karina se perdió de sus amigos y uno, desesperado, empezó a gritar su nombre, subido a los hombros de otro flaco. Esto originó que por un momento, los tradicionales cantitos de espera, fueran remplazados en un gran sector del campo y otro de la platea por "¿Karina dónde está?" y derivados, hasta que finalmente apareció Karina. Aplausos.

Eran las nueve y media cuando las luces del estadio cedieron paso a la luna para iluminar. El campo estaba lleno, caliente. El escenario preparado para el espectáculo que la Gira Civilización propone: pared de luces, que separan a la percusión y el teclado de las cuerdas y la voz. Arrancó el show. "Pacífico", "Desde lejos no se ve", "Taxi boy", con un diálogo musical entre teclado, batería y armónica y "Civilización". Cuatro canciones al taco, para una noche fría a estadio abierto, como el corazón de todas las personas que ahí estaban.

"Muchas gracias, buenas noches La Plata. Queremos decirles que hoy estamos acá por respeto a ustedes y porque creo que, al igual que ustedes, amamos esto que son Los Piojos. Y ninguna cuestión política lo va a poder evitar. La decisión de no tocar fue nuestra porque sentimos que no éramos bienvenidos. Recién después que avisamos a los medios aparecieron de la Intendencia. Se nos hizo una cantidad de promesas que no se cumplieron. Muchísimas gracias por todo este amor". Palabras más, palabras menos, esto dijo Andrés Ciro, en referencia al episodio que causó la suspensión de esta fecha, programada para el sábado anterior en el Gimnasia y Esgrima de la misma ciudad. Entonces llegó "Salitral" ("Tus promesas son engaños...".). Le siguió "Chac tu chac", con unos agudísimos gritos de Micky y, nunca con tanto énfasis en su primera estrofa, "Shup shup", con la presencia del "Tucán" Martín Bosa en teclados.

La exultación tuvo su respiro con "Bicho de ciudad", mientras las luces jugaban con la gente del campo. Mientras tanto, y durante todo el concierto, una decena de banderas no paraba de flamear. Alto en el campo, un trapo guerrero. "Muchas gracias por esta noche inesperada", dijo Ciro. Y la banda siguió con "Luz de marfil", mientras un caleidoscopio se proyectaba en la pared de led del escenario. Justamente, ese led gesta un constante complemento entre imagen y sonido. Esta fue la novedad de la gira que allí terminaba: la Gira Civilización 2007 formula no sólo un recital, sino un verdadero show. Invita a actuar a todos los sentidos, al mismo tiempo que el nuevo trabajo es una real gira por distintos estilos, que, en vivo, potencia la habilidad de la banda para tocar un reggae, jugar con un blues, zapar un funk o agitar un rocanrol.

Luego fue el turno de Micky con sus dos caballitos de batalla, "Fijate" y "Un buen día". Uno tranquilo, el otro en las antípodas. Ciclotimia musical hasta que Ciro volvió a tomar la voz con "Fantasma" y su juego teatral con una luz roja. Luego llegó la sensualidad del funk de la mano de "Manjar", y un pedacito de "Debede", con un aplauso para Luca Prodan, a 20 años de su muerte. A menos años pero en fechas similares, ocurrieron los hechos que dieron pie para la siguiente canción, "Dientes de cordero". Proyección de los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001 y chiflidos varios por parte del público.

Dos Federicos llegaron para cuando sonó "Ando ganas". Vinieron desde Ramos Mejía y cayeron tarde porque se perdieron el tren de las siete y media. Pero sin detenerse en el lamento, disfrutaron lo que siguió después. Un pedacito de "Longchamps boogie", de Pappo, se coló antes de que sonara un extenso "Pistolas" que, además contó con una improvisación del Changuito Farías Gómez, que intentó hacer una percusión multitudinaria basada en palmas en diferentes claves según se estuviera en la platea izquierda, derecha o campo. Divertido, aunque un tanto difícil; y hubo otro pedacito, pero de "Staying alive", el himno disco.

"Es tan difícil / olvidar tu sensación/ como tu piel nena / no hay como tu olor", cantaba Sebastián con una pasión irrefrenable, como si esa ausencia le doliera a él. Tiene 13 años y vino con su papá desde Florencio Varela. Si hace un poco de memoria, dice que el tema por el que empezó a gustarle la banda fue "Verano del '92", cuando tenía poco más de 2 años. Hizo lo mismo con "Llevátelo", que contó con la visita de Osky Righi, de la Bersuit, en la guitarra. Una versión aún más poderosa que la original. Tal vez fue por el viento, que golpeaba sin respiro en la cara, pero lo cierto es que sonó con mucha furia.

Antes de los bises, respetando la forma en que está viniendo en los últimos recitales, llegó "El farolito", en jazz. Un poco nomás, porque enseguida arremetió con sus acordes al palo. Más improvisaciones, pero de Chucky De Ipola en el teclado y Roger Cardero en la batería. Además, otra vez se trajo la esencia de Sumo, con unas estrofas de "La rubia tarada". También se llamó a las raíces del soul, con el pegadizo estribillo de "Sex machine", de James Brown.

Luego de un breve receso, la máquina volvió con "Umbekannt". Ya se sentía el final, que siguió con "Babilonia", el "Balneario de los doctores crotos", con Ciro bailando con la careta que alguna vez fue la de Carlitos Balá, hoy convertida en un cráneo; y el cierre con "Buenos días Palomar". Lectura de banderas. Casi todo el conurbano bonaerense esparcido en pedazos de tela pintados, además de la capital provincial que jugaba de local: Dock Sud, Laferrere, Ciudad Evita, Hurlingham, Ramos Mejía, Merlo, Cañuelas, Avellaneda, Luján, y varias de La Plata. Y los barrios porteños, representados por Mataderos, Parque Chas, Lugano, Parque Patricios, Palermo. Hubo una, que generó aplausos: "30 del 12 del 2004, ni olvido ni perdón". Mientras tanto, Cecilia y Valeria se van rápido, antes que terminen de tocar: la última vez que vinieron a ver a la banda desde Capital Federal, se tuvieron que quedar dando vueltas por La Plata hasta que saliera el primer tren del otro día.

Con ese final, terminó la gira. El año no podía cerrar de otra manera. Un 2007 que quedará como el momento en que la banda se afirmó aún más en su andar. Un estadio repleto, casi inesperado. Un show excelente, con sus músicos consolidados en el alma de sus instrumentos y un público que se fue, como pudo, feliz a sus casas. El verano los llevará a Mar del Plata el 20 de enero, luego de un justo descanso. Seguramente allí irán las almas, como fueron a La Plata, y como inevitablemente irán donde sea que haya un ritual. Que así sea.




Redacción: Nadia Mansilla
Foto: Sebastián Klein

martes, 27 de noviembre de 2007

No me dejes olvidar esta canción


No parecía que la noche del martes iba a ser tan agitada. Su molesta uniformidad céntrica, ahí en el Bajo, se veía más rota que el día anterior. Era imposible pensar que todavía más gente llegara al Luna Park para presenciar el segundo recital -casi sorpresa-de Los Piojos en Buenos Aires. Su capacidad completamente llena de punta a punta era el preámbulo para lo que vendría después.

Pasados 20 minutos de las 9, las luces apagadas encendieron la ovación cuando empezó a sonar "Pacífico". La tríada formada junto a "Desde lejos no se ve" y "Taxi boy" había coincidido con el comienzo del día anterior. Pero lo que llegó después fue un suculento show que no bajó de temperatura en ningún momento ni permitió el reflejo de un ápice de apatía en ninguno de los músicos.

Con la misma estructura escenográfica que permite que teclado y percusión esté arriba de un paredón de leds, apoyado en el mismo suelo que están las cuerdas y la voz, se propone un espectáculo más allá del recital propiamente dicho. Juegos de luces inquietas, imágenes que apoyan las letras, vestimentas que emulan una exploración al desierto, sumado a pequeños ingredientes casi imperceptibles en los arreglos musicales hacen de la presentación del disco una experiencia de esas para grabar en la retina y en los tímpanos.

"Buenas noches, ¿cómo están? Estamos muy contentos de volver a verlos" dijo el cantante para luego seguir con "Bicho de ciudad", mientras decenas de pibas le cantan a la banda envalentonadas en la altura que le dan un par de comedidos hombros ajenos. Aunque la gente pedía "Babilonia", siguió "Ando ganas", esa panacea musical que busca curar la pena de la distancia. Provocó una ovación. Un flaco agarró su celular y tecleó: "Ando ganas de encontrarte, quiero llevarte pa'marte". Mensaje enviado y sonrisa al guardar el aparato. Una intro negra para el "Blues del traje gris" que fue seguido por "Shup shup". Dos caras de un mismo billete, bastante oportuno para el lugar donde estaban sonando.

Más arriba o más abajo, la fiesta se continuó a lo largo del poco más de dos horas que duró el concierto. Más abajo con "Y qué más", y más arriba con "Los mocosos". Más abajo con "Fijate", más arriba con "Un buen día". "Gracias al coro de ángeles", expresó al público Micky. Andrés Ciro volvió para cantar "Fantasma", que arrancó jugando con la contraluz de un proyector rojo. La leyenda sobre el caníbal Armin Weiss dio paso a "Manjar", con la que el cantante tocó un cuerpo imaginario, mientras las luces parecían buscar una víctima para el buen plan.

"Pistolas" trajo una dirigida improvisación del Changuito Farías Gómez: "Dividimos el público en tres: campo, platea derecha y platea izquierda" y a cada una le asignó un ritmo. Luego incrementó la velocidad, poniendo a prueba la coordinación del público. Finalizada la evaluación, de la misma manera que el día anterior, sonó la casi nunca tocada en vivo "Vals inicial". Una luz azul y un altamar en el video acompañan la tempestad sonora. "¿Tenían ganas de escuchar este tema?", preguntó, cómplice, Ciro. Luego llegó "Civilización", con la proyección de colores extremos de paisajes en extinción". Tan deseada como encendida vino "Babilonia" y el cantante recorrió la fosa -el espacio entre el escenario y la primera fila del campo, separado por una valla- cantando, mientras saludaba al público. "Me lo encontré al Che por ahí abajo", dijo al regresar arriba, en relación a un fanático que fue los dos días, con un increíble parecido al mítico personaje histórico de joven, en su cara, su barba y su vestimenta.

A Toto se le sumaron Martín, Charly, Rodrigo y Zequi para bailar a paso de murga durante el puente de "El balneario de los doctores crotos". Descanso. Silencio musicalizado por un "soy piojoso hasta que me muera" que empezaron cinco pibes en el campo. Retorno con "Agua", mientras alguien buceaba en la proyección que mostraban los leds. El tecladista "Chuky" De Ipola y unos anteojos luminosos empezaron a cantar "Ruleta". Otro descanso. Retorno con una fiesta para unos pocos que disfrutaron del inédito "Ay qué maravilla". Luego "Genius" y "Buenos días Palomar" para cerrar una noche impecablemente caliente. Banderas de Ensenada, Quilmes, Paso del Rey, Luján, del conurbano bonaerense, bien adentro. Por los barrios porteños estaban los trapos de La Boca, Flores y Almagro. Las de Merlo Norte y Gerli no descansaron de flamear ni en un momento durante todo el recital. Lo mismo la de "Suburbio", una banda de San Fernando. Andrés Ciro se despidió invitándolos a todos a la fecha del 15 de diciembre en La Plata. Muchos cabecearon, como anunciando su presente allá y entonces. Luego el cantante hizo un guiño: "Cada vez que tengan una fecha libre en el Luna, estaremos aquí", como un "que no se corte" piojoso para mantener el sentimiento de exultación que allí había brotado.


Redacción: Nadia Mansilla
Foto: Sebastián Klein
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lunes, 26 de noviembre de 2007

Dejalo que suceda, es más fácil así



Los policías apostados en la entrada del Luna Park se espantaban al verlos desfilar por la puerta de ingreso. Apurados, antes de que el reloj dicte las 9, corrían con sus zapatillas rotas. Algunos y algunas oficinistas desprevenidos rompían la rigurosa vestimenta, que es casi como un uniforme para asistir a la fiesta. Las remeras que orgullosamente portan, gastadas, llevan nombres de destinos, recuerdos de shows de más acá y otras del interior de la Argentina piojosa. La más llamativa: una de Italia. La edad juega en un subibaja numérico. Así, en cuestión de minutos se llenó la capacidad del estadio porteño de punta a punta, para dar paso a la presentación -casi sorpresa- en Buenos Aires del último trabajo de la banda, "Civilización".
Faltaban diez minutos para que se apagaran las luces. Unos pibes de Villa Dominico compartían el suculento tiempo que transcurre antes del comienzo de un recital. "¿Te enamoraste, pelotudo?" le pregunta uno a otro, al que se le metió un flequillo femenino en el ojo. Después levantaron las apuestas para ver a qué hora empezaba. Pero nadie le había metido fichas a las 9.20. Entonces, cuando las manos ya se habían gastado de tanto rezar palmeando para que arrancara, con una proyección alusiva al nuevo disco, y de la mano de "Pacífico", se dio el inicio. Le siguieron "Desde lejos no se ve" y "Taxi Boy", hasta que Andrés Ciro, que vestía una remera de El Tri con la imagen de la Virgen de Guadalupe, exclamó "Buenas noches Luna Park" y la fiesta siguió con "Bicho de ciudad". El siguiente tema causó una intensa ovación, porque "Vals inicial" no suele ser tocado en vivo. A tanto impacto, le vinieron bien "Chac tu chac" y "Maradó". Y para bajar un poco la temperatura, el candente "A veces" sirvió de hidratante sonoro. Luego tomó el micrófono Micky, que llevaba un sombrero andino. El bajista cantó sus "Fijate" y "Un buen día". Un rato después, cuando le tocó el turno de sonar a "Pistolas", se coló un pedacito "Staying alive" mezclada con una improvisación percusiva del Changuito Farías Gómez.
Como una inesperada visita, cuando ya terminaba la canción que titula el disco, apareció Manu Chau. Al público le costó reconocerlo, hasta que en su típica mezcolanza idiomática irrumpió su voz rapeando su "King Kong 5" sobre el mismo tema que lo nombra. El sueño de Andrés Ciro se hizo realidad. Luego el cantante con más sellos en el pasaporte del mundo, tocó un tema suyo ("Día luna día pena") y subrayó: "Buenos Aires, pase lo que pase, sea lo que sea, próxima estación: Esperanza". Aplausos a rabiar hasta que continuó el recital con "Difícil". Luego arrancó, en clave de jazz, "El Farolito", y más improvisaciones. La primera fue la del teclado de Chucky De Ípola, a la que Andrés Ciro le vociferó un pedacito de "Sex Machine". Luego fue la de Roger y su batería.
Los bises llegaron con "Ruleta" y "Vine hasta aquí", donde Andrés Ciro agradeció que haya sido "el lunes menos lunes" de su vida. Las voces germanas en off anunciaron la llegada de "Unbekannt". Descanso. Retorno con "El viejo", himno en honor a Pappo, si los hay. Luego, otra perlita: el inédito "Ay qué maravilla", que fue tocado en el mismo lugar en uno de los shows de abril del año pasado, después de mucho tiempo. Luego del último tema, "Buenos días Palomar", se leyeron las banderas, devenidas íconos de trasgresión en tiempos de prohibiciones. Estuvieron presentes, entre otras, las de Cañuelas, González Catán, Villa Crespo, Merlo, Ciudad Jardín. Una de Mar del Plata rompía con los nombres de ciudades del conurbano bonaerense que se habían dado cita para ser parte de la esperada sorpresa. "Muchísimas gracias por este lunes inolvidable", dijo el cantante. Abrazos arriba del escenario. Abajo, el calor de las masas se disipaba por las salidas. Las filas de los colectivos se llenaban. El primer recital había terminado. Muchos de los que se encontraban en los puntos de reunión, pactaban juntarse en tal esquina a tal hora del día siguiente, cuando sería la segunda fecha de la banda en Buenos Aires, luego de repartir gotas de transpiración por las provincias de nuestro país, y de países latinoamericanos.
Redacción: Nadia Mansilla
Foto: Sebastián Klein
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sábado, 8 de septiembre de 2007

Durante la tormenta, todos cantamos, todos bailamos


Con más alegría que ansiedad, la cancha de básquet del club Estudiantes de Olavarría, era una burla a la noche gris que mojaba el afuera de un sábado a la noche. Hacía seis años que Los Piojos no tocaban ahí y ese retorno musical debía gestarse con todo. Por lo que a las 21:38 hs, cuando se apagaron las luces, y las imágenes que introducían en el octavo show de la presentación de"Civilización", con frases de canciones del nuevo material, se mostraron en el escenario, un unísono desesperado previno que la noche sería al menos intensa.


Un "87" que se descompone en caracteres chinos llamó a la oscuridad. En un paredón de luz se proyectaban las sombras de las cuerdas y la voz. Sonaban las palabras de "Pacífico", que una vez terminada la primera estrofa, la contraluz llevó a esa parte de la banda delante y a los tambores y el teclado arriba del muro de pantallas. Sin mediar palabra, llegó "Desde lejos no se ve". Y después "Taxi Boy", con un pedacito de "Tan solo" en la armónica del Andrés Ciro, que provocó que los muchos niños presentes aprendieran la técnica de revoleo de remera, hasta que sus jóvenes brazos se cansaran.


Enseguida Ciro rompió la ausencia de verbalización y dedicó un "Para todos los que no son de Olavarría", lo que produjo que una gran mayoría levantara la mano. Entonces sonó "Civilización, que "Y qué más" y "Chac tu chac" continuaron. Cuando le tocó el turno a "Labios de seda" el escenario se volvió rojo carmín; para "Luz de marfil" se tornó violeta. Después vino "Fijate" y cuando Micky cantaba, abrazado al bajo, "y en el camino tendremos que saltar piedras" aparecían carteles indicadores que mostraban una ruta donde se aproximaba la ciudad que entonces los recibía. Siguió "Un buen día", una de las canciones más calientes del nuevo disco, también en la voz del inquieto bajista.


"¿Les gustó el nuevo disco?", preguntó Ciro cuando recuperó el micrófono y tomó letra con "Bicho de ciudad". Aprobados todos. A continuación, un flaco se adueñó de la más intensa interpretación de la intro de Maradó, y la canción dedicada al pibe de Fiorito movilizó hasta el cemento. La siguió "Pistolas", con pedacitos de "Little Red rooster", de los Rolling Stones y "Staying alive" de los Bee Gees. En el transcurso de la extensa interpretación, el cantante se subió a la platea hasta que una turba piojosa lo instó a bajarse, escoltado por unos desesperados muchachos de seguridad.


Por los ventiluces de la cancha se veían los latigazos de luz gris en el medio de la noche. Ahí, fuera de ese recinto de exultación, llovía con furia. Después de "Difícil" un acorde sonó y Ciro preguntó qué significaba. "¡El farolito!", exclamó una desde la platea. "Qué buen oído", le respondieron desde el escenario. Y comenzó el emblemático tema de "3er Arco", canción que se extendería durante varios minutos, alargada por las interpretaciones focalizadas de los instrumentos que suelen generar multitudinarios solos.


"Vamos Charango", vociferó uno, para el Changuito Farías Gómez que largó unos cuántos golpes en sus tambores. Se trató de una prueba de resistencia de aplausos que acompañaban su ritmo, primero arriba y luego debajo de las pantallas. Ovación. Entonces vino otra improvisación, pero de las manos de Chuky De Ipola sobre el teclado. Cayó otro extracto de una canción ajena a la banda, "Sex Machine" de James Brown. El alma del soul ya había salpicado de un setentoso espíritu disco la noche, acompañada por la armónica de Ciro. Luego fue el turno de Roger para agitar sin libreto. Al sonido que sus palillos generaban, se coló un poco de "Ay ay ay", hasta que volvió "El Farolito", que jamás había terminado. Y Micky adoptó las manos de Ciro que ilustraba con sus brazos y dedos los gritos del bajista desde la espalda de éste, con una sonrisa gigante y los ojos cerrados. Fin de un farolito que con su radiante luz iluminó el momento más encendido de la noche.


Ya en el entretiempo, la eterna rivalidad campo-platea se reflejó en quién empezaba los cantitos primero. Tanto fue así que la originalidad apeló al recuerdo y se retomó un viejo cántico de recitales: "No nos vamos nada/ que nos echen a patadas".


Cuando en la pantalla se leía una reseña sobre Armin Meiwes, el caníbal de Rotemburgo, se entendió que venía la al menos excitante "Manjar". Enseguida Andrés preguntó al público cuál sería el siguiente tema, entre las opciones de "Como Alí" o "Unbekannt". Y unas voces germanas dieron la pauta que lo que seguía sería la canción que narra las desventuras de un pibe de Palomar en Alemania. De los tambores bajó el Changuito para tomar la guitarra que sólo le quedaba grande de tamaño físico. Durante toda esta canción se llevó a cabo una instalación actoral donde los músicos caminaron al compás de las luces, como fríos señores, desconocidos entre sí que en su andar no cruzaban ni las miradas.


A continuación las guitarras llenaron de estrías sonoras la cancha de básquet. El cuento de Edgar Allan Poe hecho canción, "Morella", tomaba forma. Un cuelgue improvisado ayudó a que en el centro del campo se abra un vacío que se convertiría en un pogo torrentoso, de esos que buscan quedar en el recuerdo en forma de moretones o zapatillas que fueron historia.


Después de otro entretiempo y con la mirada atenta de Pappo desde alguna nube en el cielo de los rockeros, vino "El viejo", que unas hija y madre sub-40 acompañaron con sus caderas. En el mismo tono se acercó las estrofas que describen los pensamientos de un mendigo bajo el Puente Negro, ahí cerca de Isla Maciel, y que anteceden a "Genius", que fue el último tema del show, antes de la lectura de banderas.


"Hacía mucho habíamos venido y también había sido una fiesta", dijo el cantante, después de la ovación que generó cuando mencionaron al trapo de Olavarría. Otros presentes fueron Lugano, Florencio Varela, Merlo, La Boca, Burzaco, General Rodríguez, Mar del Plata y Rosario, que fueron nombradas con los acordes de "Arco 2" de Ay ay ay" y el "allá se van Los Piojos" que musicaliza un track sorpresa de "3er Arco" y al que el público siempre lo reversiona con una expresión de resistencia al final en "no se van, no se van Los Piojos".


Así terminaba la primera etapa de la gira "Civilización". Afuera las remeras al agua se liquidaban a diez pesos, los lugareños se cabeceaban entre sí, con saludos de vecinos y algunos otros se preparaban para dormir en la Terminal, luego de caminar bajo una deliciosa lluvia que anunciaba la cercana primavera. Para cuando venga la estación que sensibiliza la piel, será el turno de Mendoza, Rosario y Córdoba. Que la máquina no pare.


Redacción: Nadia Mansilla

Foto: Sebastián Klein

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sábado, 18 de agosto de 2007

Si hace frío, que venga el calor II


Los pibes ya habían copado la ciudad el viernes. Pero desde el sábado a la madrugada devoraron sus calles de invierno, porque el sentimiento les arrebata el cansancio. Rosario, Chaco, Salta -por mencionar los más lejanos, según la visión porteñocentrista- estaban hechos banderas, titilando por las esquinas, rezando para que no venga el agua.


En la entrada del complejo que alguna vez fue olímpico, mientras la calesita que antecede al Parque Polideportivo estaba cerrando -cansados sus dueños de decir que los mayores de edad no tenían acceso- vendedores de choripanes y remeras de ocasión montaron su guardia. Además de juntar unos mangos, hicieron de guías locales que indicaban donde se encontraban las entradas o la boletería, por la que muchos preguntaron a pesar de que los tickets ya estaban agotados.


Con algunos minutos de diferencia con el día anterior, pasadas las 21.30 la banda salió a escena. Emponchados, de nuevo, para la conquista de la segunda jornada de los rituales presentación del nuevo disco. "Pacífico" para arrancar, cantado por muchos de los 8 mil pibes que, como casi todas las letras nuevas, ya estaba memorizada.


De las plateas bajaban muchos al campo, como racimos que malhumoraban a los de seguridad. Siguió el sonido de "Labios de seda" y "Babilonia", justo antes del parate que, como el día anterior, antecedió a "Civilización" con la proyección de videos en la pantalla del escenario. "Taxi boy", "Manjar", "Agua"(cuya proyección esta vez fue una pecera con un pez dorado que derivó en un lobo marino) y "Los mocosos" en la lista de temas, que recorrió la discografía sin más denominadores comunes que el mismo ritual piojoso.


Luego Micky tomó el micrófono para incluir sus dos canciones otra vez. Las guitarras de todos los temas fluyeron entre el sonido rioplatense que supieron conseguir con la camaleónica esencia del disco nuevo, sin ningún obstáculo, sin ninguna barrera. Luego de la intervención del cantante auxiliar, en "Qué decís" hubo una zapada encarada por el teclado y arengada por el resto de la banda, que pudo unir una crónica barrial que indica que no hay "nada que pensar hoy" con el pegadizo himno del funk setentoso "Staying alive".


Confirmando que se trata de un show, una puesta en escena o como quiera llamarse a un espectáculo musical que no se limita a la música, antes de "Unbekannt", locuciones en off en alemán anunciaban la venida de esa canción que describe un costado de la visita de Andrés Ciro a las tierras germanas, cuando el Mundial 2006. Mapas, fotos de ciudad, personajes de esa nacionalidad y la señal de que es el más pogueable del nuevo disco.


Si de pogueable se trata, justo después de "Vine hasta aquí" llegó "Morella". Canción que agita casi tanto como el cuento en el que está basada, que cuando termina, vuelve a sonar. Y otro parate más, para hacer reposar un poco la sangre movediza.


Cerca del cierre, "Buenos días Palomar" estuvo acompañado por videos de radios antiguas, con mucho perfume a viejas. Luego un inesperado "Maradó" y "El balneario de los doctores crotos" marcaron el final del último de los dos shows. También "Finale" para señalar las banderas. Merlo, Solano, Longchamps, Laferrere, Paso del Rey, Santa Fe, Cañuelas, Bahía Blanca. Todas nombradas y festejadas, ninguna tanto como la que decía "Mar del Plata", afirmando que los locales eran una menor mayoría.


La brasa se apagaba pero tanto esperar no había sido en vano. De las cenizas de esas dos noches quedaron sonidos coloreados, atmósferas texturizadas y canciones cantadas para deducir que el ritual mejora con el paso de los años. Desestructurar los sentidos para hacerlos más sensibles a la información, a la poesía, a las melodías caprichosas, a pesar del frío y la distancia, no es un pequeño logro sino una gran conquista. Como los pibes de Avellaneda que conquistaron un pedazo de playa, los pibes de El Palomar se adueñaron de dos noches a pura energía sonora.


Redacción: Nadia Mansilla
Foto: Sebastián Klein


viernes, 17 de agosto de 2007

Si hace frío, que venga el calor


En el marco de la presentación del noveno disco de su carrera -"Civilización"- Los Piojos se presentaron el viernes 17 y el sábado 18 de agosto en el Estadio Islas Malvinas del Polideportivo Marplatense. Allí, ante unas 15 mil personas repartidas en las dos jornadas, rompieron el frío costero a fuerza de dos potentes, renovados e intensos rituales.


El viernes a la tarde, a pesar del frío que cortaba la cara, justo antes de que el sol los abandone, los pibes de Avellaneda clavaron su bandera piojosa en la arena de la Bristol. Ahí, cerca de donde Mirtha hace los almuerzos durante el verano. Ahí, como conquistadores de su propio camino, ese que tiene una parada en donde sea que se presenten Los Piojos y el bolsillo permita llegar. Faltarían unas horas más de resistencia a la helada hasta que estuvieran a los saltos en el estadio, así que el hacer tiempo se convirtió en un relajo para la mente, de frente al mar. Bailaron un rato, con melodías que ellos mismos entonaban. Cuando decidieron irse, el último restito de cerveza fue para la Pacha y enfilaron hacia el Polideportivo a gamba por el centro, que a esa altura contenía varios integrantes de una logia donde el saludo en clave era un agite de bandera sincronizado.


Una vez dentro, la previa buscó generar calor y viceversa. El carnaval en búsqueda de la salida de la banda, por más que faltara más de una hora hasta el comienzo, estuvo a cargo de una banda sub-20 que copó el centro del campo, cerca del escenario, claro. Que el que no salta, que salga Ciro, que la platea de Luis Miguel, que "Vete bobo.". Hasta que a las nueve y media se apagaron las luces. Silencio de misa, sólo interrumpido por los gritos exultantes. Los celulares que buscaban la imagen 3D del arranque y "Pacífico", tema del nuevo disco, el más arrancable de todas las canciones de "Civilización", con la banda emponchada para la batalla, engalanada para la ocasión. Seguirían "Desde lejos no se ve" y "Babilonia", un perfecto trío sonoro para combatir el invierno.


Luego el silencio otra vez. Los videos de una pantalla de leads, que conformaron una puesta en escena que ambientó el recital como todo un despliegue, mostraban imágenes referidas al título del disco. El concepto de "Civilizaciòn", así, con el acento grave, se vio completo en el show en vivo resumido en una de las frases que se proyectó: "Dios perdona...el hombre a veces.. la naturaleza nunca". Llegó entonces el carnavalito-reggae "Civilización".


Recién entonces Andrés Ciro lanzó un "¡Muchas gracias! ¡Buenas noches Mar del Plata!" de saludo. Luego, intercalados los temas nuevos entre esos ya clásicos que todos querían oír, siguieron "Chac tu chac", "Bicho de ciudad", "Y quemás", "Motumbo", por mencionar algunos que en cuestión de poco más de media hora marcaron terreno. A continuación, tomó el micrófono Micky, para ordenar "Fijate" y "Un buen día", ambos encendidos por el público al ritmo de cada tema.

La lista, bastante ciclotímica, continuó con su diversidad discográfica con "Todo pasa", "Cruces y flores", "Pistolas", por mencionar algunos. Los videos continuaban en la espalda de Andrés Ciro, Micky, Piti y Tavo, al mismo tiempo que los mostraban tocando en algún otro ámbito. También creaban ecualizadores inquietos o mostraban a Chuky De Ípola, al Changuito Farías Gómez o a Sebastián Cardero en cada una de sus improvisaciones en teclado, tambores y batería, respectivamente.

Hacia el final, luego de esos minutos de descanso para la banda, donde el silencio y oscuridad sólo atraen ansiedad y justo antes de "Fantasma", Andrés Ciro dedicó la intro del Himno Nacional Argentino al General José de San Martín, en el aniversario de su muerte. Y finalizó el show con "Ay ay ay" y "Cruel" y la tradicional lectura de banderas y un abrazo musical con "Finale". "Hasta mañana los que puedan", dijo el cantante. Y justo antes de que se retirara la banda, Andrés dejó otra frase: "A pesar que hace casi 20 años que estamos sobre un escenario, hoy nos temblaron las piernas". Seguro fue por eso que se movieron tanto durante el show, mantuvieron el calor del nuevo material recién salido del horno y espantaron a los fantasmas del paso del tiempo.
Redacción: Nadia Mansilla
Foto: Sebastián Klein

martes, 7 de agosto de 2007

Qué rara y repleta está la avenida


Cuando el mediodía del martes se apagaba en una esquina porteña por excelencia, Corrientes y Callao olía a sospecha. No había cometido ningún crimen, pero daba la sensación de que algo estaba por pasar. Y entonces, cerca de las dos de la tarde, Los Piojos aparecieron en un camión convertido en escenario en el día del lanzamiento de "Civilización". Más de mil personas siguieron la procesión, que recorrió la avenida más porteña del mundo hasta más allá del Obelisco.


Martes de San Cayetano. 14 horas en la monótona Buenos Aires. Suena "Hoy es hoy", pero a través de los parlantes de una disquería que promociona la novedad. Mientras tanto, varios pibes de Toppers y mochilas escritas corren sin pausa mientras preguntan, por celular, dónde están sus amigos y si ya empezó ese delirio que les llegó por mensaje de texto: Los Piojos por la calle Corrientes, tocando "Pacífico" y después "Desde lejos no se ve". Se cuelan entre los laburantes de oficina y los transeúntes con la prisa de aquel que persigue una ilusión, casi un sueño que deben ver con sus propios ojos: Los Piojos tocando gratis, en pleno centro de la ciudad.


En la esquina de Uruguay, Pablo cuenta que a la salida del colegio fue a la avenida porque una amiga le dijo que su banda, la que ilustra su mochila, iba a tocar en un camión andando. Era así. Luciana, en cambio, es de General Rodríguez y estaba paseando, caminando por la calle. "Es re loco, nunca me hubiese imaginado que podía pasar algo así", dijo, emocionada.


"Muchas gracias avenida Corrientes", dijo Ciro arriba del camión que no paraba de andar, y ya cerca de otra esquina Libertad, lejos de Palomar, fue el turno de "El Farolito". Para entonces muchos se quedaban sin espacio en la memoria de celulares con cámara, artefactos que se robaron la magia de los encendedores ritualeros. Pero no las de las banderas, como las que trajeron Edu y Gustavo, que vinieron junto a otros 20 más de San Fernando. "Nos enteramos por el boca en boca", afirma Edu. Gustavo, por su parte, agrega que "es re loco estar en un recital de Los Piojos al mediodía, en el medio de la calle. Pero el rocanrol es lo mejor que nos puede pasar. Ojalá que un día Suburbio, una banda del barrio, pueda hacer lo mismo". Y con su alegría a cuestas, siguió cantando "Babilonia".


Ya con su monotonía destrozada, los edificios se minaron de curiosos que asomaban por las ventanas. Algunos se copaban tirando papelitos; otros sólo miraban. Abajo, las zapatillas seguían el ritmo de las melodías. Y gente que, sin poder terminar de entender lo que estaba pasando, se sumaba a la caravana piojosa. Muchos dejaron de lado el traje gris y pelaron una remera de "Ay ay ay". Unos turistas yanquis no podían entender lo que estaba pasando mientras las conversaciones por celular seguían con un denominador común: "!Boludo, Los Piojos están tocando en Corrientes!".


Con el Obelisco cada vez más cerca, Lucas y Luciana saltan abrazados. Vinieron con unos 20 amigos desde Ramos Mejía él y desde Floresta ella. Descifraron el guiño que el día anterior Ciro había tirado al aire en el programa de Mario Pergolini. Había dicho entonces: "Vamos a estar donde reina el silencio y caminan los comunes". Y Lucas, Luciana y sus amigos se mandaron desde el cercano oeste hasta el centro porteño. Trajeron una bandera gigante que desplegaron como un puñado de otros tantos.


Una vez en el monumento, la imagen de Corrientes y 9 de Julio vacía de autos pero llena de piojosos, creó una postal de la que sus protagonistas hicieron un ritual potenciado por la sorpresa: un pogo en movimiento, bajo el sol. Ahí fue el turno de "Tan solo", canción que también saltó y cantó -a pesar de su camisa y su pantalón de vestir- Damián, de 21 años, que estaba laburando y se acercó al recital móvil. Lo mismo hizo una chica que prefiere no dar su nombre para que su jefe no se entere que se escapó del trabajo. Pero para Ignacio, que tiene 16 años y vino desde Quilmes, la sorpresa no es tanta, algo había escuchado. Sin embargo no hubo motivos para que pare de saltar.


Dos amigos se encontraron en un abrazo, con el Obelisco de fondo y la boca abierta todavía. Un pirulinero y un cocacolero seguían la recorrida con ganas de hacerse la tarde. Sonó "Cruel", casi como dedicada a algunos que rogaban que estuviera presente, coloreando el momento para eternizarlo con un marco ideal. Romina y Peco, de 22 y 18 años dicen a coro: "No podemos creer esto. Vamos a todos lados a verlos. Y ya tenemos las entradas para Mar del Plata". Romina sólo rompe el dueto para indicar que un amigo "que siempre tira la posta", les avisó.


Y llegó el final cuando sonó "Difícil", como para bajar un poco después de tanto agite.. Los pibes, que para entonces habían sumado decenas de transeúntes, se negaban a que así fuera y siguieron coreando en la calle que ya era suya, agitando banderas. Como Ariel, que movía el trapo de Lugano: "Ayer fuimos a la Rock and Pop y Los Piojos nos dijeron que iban a estar hoy acá", afirma Ariel. Luego añade: "Ahora a Mar del Plata, Olavarría y lo que venga". Ariel, que dirige la página LuganoPiojoso.com.ar, con una sonrisa que no le entra en la cara, informa que antes de llegar se compró el disco nuevo.


Con todo el despliegue ya concluido, los mensajeros, infaltables testigos de los acontecimientos de la City que habían escoltado con sus bicis y sus motos el recorrido, se encargaron de normalizar el tránsito. Como Roberto de 24 años, que es de Quilmes pero trabaja en el centro: "Estaba en Callao y no podía creer lo que estaba escuchando y viendo. Así que vengo desde Callao", grita, mientras dos flacos transpiradísimos en pleno invierno, se dicen el uno al otro "Qué bueno que estuvo, boludo, no lo puedo creer". Y desde Corrientes y Maipú retornaron a la oficina.


Redacción: Nadia Mansilla
Foto: Sebastián Klein

www.lospiojos.com.ar

jueves, 4 de enero de 2007

Contraste lejano

El más grande distrito bonaerense, en palabras.
Crónica de un recorrido por La Matanza, en el afán por crear el perfil de un terreno poco conocido, como suelen ser los partidos del Gran Buenos Aires.

En cualquier círculo humano –de la facultad, compañeros de trabajo, etc.- siempre hay alguien que pertenece a La Matanza. No es casualidad; allí habitan –las estadísticas son contradictorias- entre 1.255.000 y para otros, 1.750.00 personas.

Ahora entremos en la complejidad de ese mundo: El Mercado Central y la capital nacional del Zapato, en Lomas del Mirador, donde se fabrica el 60% de la industria del calzado de nuestro país. Pero existe una variedad de matices que por momentos se torna incomprensible: un mundo que va desde las grandes casonas de Ramos Mejía por un lado, al barro en las calles del Barrio Oro Verde por otro; del colegio Don Bosco, con autos de marcas irreales a una plaza pelada de juegos en Ciudad Evita; los neurálgicos puntos de La Ferrere y San Justo y la ruta cortando la pampa pura.


Y el salto a Lomas del Mirador, donde fábricas de zapatos y hormas conviven con las de galletitas.

Cristina y el “matanzazo”

Desde afuera llegan los compases de una cumbia pegadiza y Cristina nos cuenta que llegó hace 50 años a La Matanza. Cuando habla, se hace imposible no pensar en el Matanzazo: esa palmaria expresión de necesidad, a mediados del año 2000 cuando trabajadores cortaron en Isidro Casanova la Ruta 3, que une Buenos Aires con Tierra del Fuego. Allí cinco mil personas en asamblea mantuvieron el corte durante varios días hasta que obtuvieron una respuesta del gobierno provincial y nacional. Aunque luego no se cumplió, fue un claro ejemplo de lucha e integración de organizaciones territoriales y los gremios. Entonces estuvo la CTA, la Federación de Tierra y Vivienda y la Corriente Clasista y Combativa.


En la ruta.

Y tanta pampa que marea. Ya en la estación Ramos Mejía, el sol quiere bajar y la furia matancera no lo deja. La veintena de líneas de colectivos que van y vienen a Capital Federal no tiene espacio para un pasajero más, pero se dan maña para transportar a esa masa laburante donde cada uno junta años de viajes al Centro.

Barrios, villas, pampa, fábricas. Rostros de provincia, rostros marcados por privaciones. Niños y millones de perros cimarrones – o que lo parecen. Ahora el Centro Integrador Comunitario de Villa Madero con Norma Aramayo, 36 años, casada, con siete hijos, quien se emociona al evocar cuando ya hace ya 20 años tomaron la tierra. Norma relata: “Empezamos siendo diez familias. Después amanecían las casitas de otras diez familias y venían de muchos lugares. A medida que se iba corriendo la voz de la toma y venían. Se formaban los lotes, no se dejaban pasillos, se diagramaban las calles pensando en el hábitat, para no volver a la villa. Así nos fuimos consolidando, nos organizamos”.

La Escuela 38.
Es una de las víctimas de la antigua Ley de Educación: una técnica. Los chicos, coleccionando objetos del neoliberalismo individualista: celulares y reproductores de MP3. En el recreo se arman pachangas que duran hasta que toca el timbre. Los pibes tienen entre 16 y 18 años; cuentan que la escuela técnica les consume mucho tiempo, que algunos escuchan cumbia y otros, rock nacional. Y todos, que van a seguir viviendo en La Matanza. Son matanceros de alma.

Próximo destino: la Universidad de La Matanza

En San Justo, corazón del partido, la UNLaM. Allí impiden sacar fotos y hablar con los estudiantes. “Hay mucho activismo político acá”. Frente a la negativa tan insólita, queda recorrer los extensos pabellones de uno de los centros facultativos más importantes del oeste. Los estudiantes llegan como un río tibio, y los pequeños salones –todos tan limpios que da miedo- se llenan lentamente. No hay carteles de agrupaciones políticas ni actividades estudiantiles. Pero una integrante del equipo de prensa nos informa que la Facultad se fundó hace 17 años, que cuenta con 26.000 alumnos que vienen de diversos puntos del país.

Centro cívico y final de nota

Otro lugar. Otro espacio. El edificio municipal. Luego, andando, pampa, fábricas, universidad, un territorio insobornable al ojo humano. Más se adentra, más se comprende estar ante un límite. Estamos hablando de una población superior en número a las mayores capitales del interior del país. Un espacio nacido a fuerza del empuje de los desheredados, de los que llegan expulsados o siendo portadores del sueño de conquistar un espacio, una vida digna.


Bueno. ¿Recorrimos La Matanza? Un vistazo. De esa franja, de 323 km2, tan cerca pero tan lejana, y es como recuerdo un fuerte y cruel contraste, pero que lleva en las entrañas de sus ciudadanos la energía de un vendaval.


Publicado en el Periódico de la CTA, marzo 2007.