martes, 7 de agosto de 2007

Qué rara y repleta está la avenida


Cuando el mediodía del martes se apagaba en una esquina porteña por excelencia, Corrientes y Callao olía a sospecha. No había cometido ningún crimen, pero daba la sensación de que algo estaba por pasar. Y entonces, cerca de las dos de la tarde, Los Piojos aparecieron en un camión convertido en escenario en el día del lanzamiento de "Civilización". Más de mil personas siguieron la procesión, que recorrió la avenida más porteña del mundo hasta más allá del Obelisco.


Martes de San Cayetano. 14 horas en la monótona Buenos Aires. Suena "Hoy es hoy", pero a través de los parlantes de una disquería que promociona la novedad. Mientras tanto, varios pibes de Toppers y mochilas escritas corren sin pausa mientras preguntan, por celular, dónde están sus amigos y si ya empezó ese delirio que les llegó por mensaje de texto: Los Piojos por la calle Corrientes, tocando "Pacífico" y después "Desde lejos no se ve". Se cuelan entre los laburantes de oficina y los transeúntes con la prisa de aquel que persigue una ilusión, casi un sueño que deben ver con sus propios ojos: Los Piojos tocando gratis, en pleno centro de la ciudad.


En la esquina de Uruguay, Pablo cuenta que a la salida del colegio fue a la avenida porque una amiga le dijo que su banda, la que ilustra su mochila, iba a tocar en un camión andando. Era así. Luciana, en cambio, es de General Rodríguez y estaba paseando, caminando por la calle. "Es re loco, nunca me hubiese imaginado que podía pasar algo así", dijo, emocionada.


"Muchas gracias avenida Corrientes", dijo Ciro arriba del camión que no paraba de andar, y ya cerca de otra esquina Libertad, lejos de Palomar, fue el turno de "El Farolito". Para entonces muchos se quedaban sin espacio en la memoria de celulares con cámara, artefactos que se robaron la magia de los encendedores ritualeros. Pero no las de las banderas, como las que trajeron Edu y Gustavo, que vinieron junto a otros 20 más de San Fernando. "Nos enteramos por el boca en boca", afirma Edu. Gustavo, por su parte, agrega que "es re loco estar en un recital de Los Piojos al mediodía, en el medio de la calle. Pero el rocanrol es lo mejor que nos puede pasar. Ojalá que un día Suburbio, una banda del barrio, pueda hacer lo mismo". Y con su alegría a cuestas, siguió cantando "Babilonia".


Ya con su monotonía destrozada, los edificios se minaron de curiosos que asomaban por las ventanas. Algunos se copaban tirando papelitos; otros sólo miraban. Abajo, las zapatillas seguían el ritmo de las melodías. Y gente que, sin poder terminar de entender lo que estaba pasando, se sumaba a la caravana piojosa. Muchos dejaron de lado el traje gris y pelaron una remera de "Ay ay ay". Unos turistas yanquis no podían entender lo que estaba pasando mientras las conversaciones por celular seguían con un denominador común: "!Boludo, Los Piojos están tocando en Corrientes!".


Con el Obelisco cada vez más cerca, Lucas y Luciana saltan abrazados. Vinieron con unos 20 amigos desde Ramos Mejía él y desde Floresta ella. Descifraron el guiño que el día anterior Ciro había tirado al aire en el programa de Mario Pergolini. Había dicho entonces: "Vamos a estar donde reina el silencio y caminan los comunes". Y Lucas, Luciana y sus amigos se mandaron desde el cercano oeste hasta el centro porteño. Trajeron una bandera gigante que desplegaron como un puñado de otros tantos.


Una vez en el monumento, la imagen de Corrientes y 9 de Julio vacía de autos pero llena de piojosos, creó una postal de la que sus protagonistas hicieron un ritual potenciado por la sorpresa: un pogo en movimiento, bajo el sol. Ahí fue el turno de "Tan solo", canción que también saltó y cantó -a pesar de su camisa y su pantalón de vestir- Damián, de 21 años, que estaba laburando y se acercó al recital móvil. Lo mismo hizo una chica que prefiere no dar su nombre para que su jefe no se entere que se escapó del trabajo. Pero para Ignacio, que tiene 16 años y vino desde Quilmes, la sorpresa no es tanta, algo había escuchado. Sin embargo no hubo motivos para que pare de saltar.


Dos amigos se encontraron en un abrazo, con el Obelisco de fondo y la boca abierta todavía. Un pirulinero y un cocacolero seguían la recorrida con ganas de hacerse la tarde. Sonó "Cruel", casi como dedicada a algunos que rogaban que estuviera presente, coloreando el momento para eternizarlo con un marco ideal. Romina y Peco, de 22 y 18 años dicen a coro: "No podemos creer esto. Vamos a todos lados a verlos. Y ya tenemos las entradas para Mar del Plata". Romina sólo rompe el dueto para indicar que un amigo "que siempre tira la posta", les avisó.


Y llegó el final cuando sonó "Difícil", como para bajar un poco después de tanto agite.. Los pibes, que para entonces habían sumado decenas de transeúntes, se negaban a que así fuera y siguieron coreando en la calle que ya era suya, agitando banderas. Como Ariel, que movía el trapo de Lugano: "Ayer fuimos a la Rock and Pop y Los Piojos nos dijeron que iban a estar hoy acá", afirma Ariel. Luego añade: "Ahora a Mar del Plata, Olavarría y lo que venga". Ariel, que dirige la página LuganoPiojoso.com.ar, con una sonrisa que no le entra en la cara, informa que antes de llegar se compró el disco nuevo.


Con todo el despliegue ya concluido, los mensajeros, infaltables testigos de los acontecimientos de la City que habían escoltado con sus bicis y sus motos el recorrido, se encargaron de normalizar el tránsito. Como Roberto de 24 años, que es de Quilmes pero trabaja en el centro: "Estaba en Callao y no podía creer lo que estaba escuchando y viendo. Así que vengo desde Callao", grita, mientras dos flacos transpiradísimos en pleno invierno, se dicen el uno al otro "Qué bueno que estuvo, boludo, no lo puedo creer". Y desde Corrientes y Maipú retornaron a la oficina.


Redacción: Nadia Mansilla
Foto: Sebastián Klein

www.lospiojos.com.ar

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