sábado, 22 de diciembre de 2007

Te va a salir por donde no esperaste


Los caballos se impacientaban. Un grito militar parecía no poder calmar su incomodidad. La extensa línea de gente, que crecía en grosor con el bajar del sol, los inquietaba. Su función, lejos ya de la naturaleza, era provocar cierta disciplina. Pero no lo lograron: los pibes de la fila no pararon de cantar. Son muchos. Demasiados, para una fiesta, que surgió de carambolas. No sabían que los trajeron para civilizar, lejos ya de su naturaleza. Mientras tanto, se armaba la noche de luna llena que iluminaría la última parada de la Gira Civilización 2007, en el Estadio Único de La Plata, originalmente programado para el de Gimnasia y Esgrima.


En los alrededores del Estadio, además de muchos caballos había mucha seguridad. Los pibes chistaban cuando veían que en la puerta quedarían los soportes de banderas que habían traído y algunas tuvieron que dejar hasta sus desodorantes. Los empleados de seguridad no se detenían en disculpas y que pase el que sigue. Así, la fila fue llenando el estadio. La espera se regó de un viento frío que agarró a muchos desprevenidos. Para zafar, algunos bailaban aunque no hubiera música. Mientras tanto, Karina se perdió de sus amigos y uno, desesperado, empezó a gritar su nombre, subido a los hombros de otro flaco. Esto originó que por un momento, los tradicionales cantitos de espera, fueran remplazados en un gran sector del campo y otro de la platea por "¿Karina dónde está?" y derivados, hasta que finalmente apareció Karina. Aplausos.

Eran las nueve y media cuando las luces del estadio cedieron paso a la luna para iluminar. El campo estaba lleno, caliente. El escenario preparado para el espectáculo que la Gira Civilización propone: pared de luces, que separan a la percusión y el teclado de las cuerdas y la voz. Arrancó el show. "Pacífico", "Desde lejos no se ve", "Taxi boy", con un diálogo musical entre teclado, batería y armónica y "Civilización". Cuatro canciones al taco, para una noche fría a estadio abierto, como el corazón de todas las personas que ahí estaban.

"Muchas gracias, buenas noches La Plata. Queremos decirles que hoy estamos acá por respeto a ustedes y porque creo que, al igual que ustedes, amamos esto que son Los Piojos. Y ninguna cuestión política lo va a poder evitar. La decisión de no tocar fue nuestra porque sentimos que no éramos bienvenidos. Recién después que avisamos a los medios aparecieron de la Intendencia. Se nos hizo una cantidad de promesas que no se cumplieron. Muchísimas gracias por todo este amor". Palabras más, palabras menos, esto dijo Andrés Ciro, en referencia al episodio que causó la suspensión de esta fecha, programada para el sábado anterior en el Gimnasia y Esgrima de la misma ciudad. Entonces llegó "Salitral" ("Tus promesas son engaños...".). Le siguió "Chac tu chac", con unos agudísimos gritos de Micky y, nunca con tanto énfasis en su primera estrofa, "Shup shup", con la presencia del "Tucán" Martín Bosa en teclados.

La exultación tuvo su respiro con "Bicho de ciudad", mientras las luces jugaban con la gente del campo. Mientras tanto, y durante todo el concierto, una decena de banderas no paraba de flamear. Alto en el campo, un trapo guerrero. "Muchas gracias por esta noche inesperada", dijo Ciro. Y la banda siguió con "Luz de marfil", mientras un caleidoscopio se proyectaba en la pared de led del escenario. Justamente, ese led gesta un constante complemento entre imagen y sonido. Esta fue la novedad de la gira que allí terminaba: la Gira Civilización 2007 formula no sólo un recital, sino un verdadero show. Invita a actuar a todos los sentidos, al mismo tiempo que el nuevo trabajo es una real gira por distintos estilos, que, en vivo, potencia la habilidad de la banda para tocar un reggae, jugar con un blues, zapar un funk o agitar un rocanrol.

Luego fue el turno de Micky con sus dos caballitos de batalla, "Fijate" y "Un buen día". Uno tranquilo, el otro en las antípodas. Ciclotimia musical hasta que Ciro volvió a tomar la voz con "Fantasma" y su juego teatral con una luz roja. Luego llegó la sensualidad del funk de la mano de "Manjar", y un pedacito de "Debede", con un aplauso para Luca Prodan, a 20 años de su muerte. A menos años pero en fechas similares, ocurrieron los hechos que dieron pie para la siguiente canción, "Dientes de cordero". Proyección de los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001 y chiflidos varios por parte del público.

Dos Federicos llegaron para cuando sonó "Ando ganas". Vinieron desde Ramos Mejía y cayeron tarde porque se perdieron el tren de las siete y media. Pero sin detenerse en el lamento, disfrutaron lo que siguió después. Un pedacito de "Longchamps boogie", de Pappo, se coló antes de que sonara un extenso "Pistolas" que, además contó con una improvisación del Changuito Farías Gómez, que intentó hacer una percusión multitudinaria basada en palmas en diferentes claves según se estuviera en la platea izquierda, derecha o campo. Divertido, aunque un tanto difícil; y hubo otro pedacito, pero de "Staying alive", el himno disco.

"Es tan difícil / olvidar tu sensación/ como tu piel nena / no hay como tu olor", cantaba Sebastián con una pasión irrefrenable, como si esa ausencia le doliera a él. Tiene 13 años y vino con su papá desde Florencio Varela. Si hace un poco de memoria, dice que el tema por el que empezó a gustarle la banda fue "Verano del '92", cuando tenía poco más de 2 años. Hizo lo mismo con "Llevátelo", que contó con la visita de Osky Righi, de la Bersuit, en la guitarra. Una versión aún más poderosa que la original. Tal vez fue por el viento, que golpeaba sin respiro en la cara, pero lo cierto es que sonó con mucha furia.

Antes de los bises, respetando la forma en que está viniendo en los últimos recitales, llegó "El farolito", en jazz. Un poco nomás, porque enseguida arremetió con sus acordes al palo. Más improvisaciones, pero de Chucky De Ipola en el teclado y Roger Cardero en la batería. Además, otra vez se trajo la esencia de Sumo, con unas estrofas de "La rubia tarada". También se llamó a las raíces del soul, con el pegadizo estribillo de "Sex machine", de James Brown.

Luego de un breve receso, la máquina volvió con "Umbekannt". Ya se sentía el final, que siguió con "Babilonia", el "Balneario de los doctores crotos", con Ciro bailando con la careta que alguna vez fue la de Carlitos Balá, hoy convertida en un cráneo; y el cierre con "Buenos días Palomar". Lectura de banderas. Casi todo el conurbano bonaerense esparcido en pedazos de tela pintados, además de la capital provincial que jugaba de local: Dock Sud, Laferrere, Ciudad Evita, Hurlingham, Ramos Mejía, Merlo, Cañuelas, Avellaneda, Luján, y varias de La Plata. Y los barrios porteños, representados por Mataderos, Parque Chas, Lugano, Parque Patricios, Palermo. Hubo una, que generó aplausos: "30 del 12 del 2004, ni olvido ni perdón". Mientras tanto, Cecilia y Valeria se van rápido, antes que terminen de tocar: la última vez que vinieron a ver a la banda desde Capital Federal, se tuvieron que quedar dando vueltas por La Plata hasta que saliera el primer tren del otro día.

Con ese final, terminó la gira. El año no podía cerrar de otra manera. Un 2007 que quedará como el momento en que la banda se afirmó aún más en su andar. Un estadio repleto, casi inesperado. Un show excelente, con sus músicos consolidados en el alma de sus instrumentos y un público que se fue, como pudo, feliz a sus casas. El verano los llevará a Mar del Plata el 20 de enero, luego de un justo descanso. Seguramente allí irán las almas, como fueron a La Plata, y como inevitablemente irán donde sea que haya un ritual. Que así sea.




Redacción: Nadia Mansilla
Foto: Sebastián Klein

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