martes, 3 de junio de 2008

Cómo me gusta el Luna Park


Cuando se apaga la luz, se enciende la euforia. Los reflectores amagaron en varias oportunidades. Pero fue a las 21.15 del martes cuando la única luz que había en el Luna Park era la de las cuatro pantallas en el escenario. Proyectaban el video introductorio de los shows de la Gira Civilización ’08 de Los Piojos. Ah, también las de los celulares, que sacaban fotos de las imágenes de agua, tierra, fuego y aire que luego se fundían para formar un 87.
Los acordes de “Manjar” dieron inicio. Mientras tanto, un pibe, bien pegado a la valla del campo, sostenía un cartel de papel donde pedía tocar “Bicho de Ciudad”. Faltaba bastante para el momento en el que la banda invita a algún guitarrista a escena. De todas maneras él hacía equilibrio entre el pogo, que luego se encendió con “Babilonia”. Para “Ay ay ay” las pantallas proyectaron un video filmado a bordo un tren, partiendo desde el sur de la Ciudad de Buenos Aires, hacia el conurbano bonaerense. En la zapada que acompaña el final de este tema, Ciro lanzó un “Cómo me gusta / el Luna Park”.
El sonido del bajo que abraza Micky subrayó el mensaje de “Civilización”, que fue el cuarto tema. Luego, fue el turno de tal vez la canción más sentida de la banda: “Canción de cuna”. La misma que Vero, una piojosa de Villa Urquiza, “posteó” en su fotolog con la imagen de su hijo de 14 meses.
“Entrando en tu ciudad” fue el siguiente. Durante todo el show, se pudo percibir cómo cada tema creó su identidad discográfica, que se potencia en vivo. Así, los sonidos de cada canción son rápidamente relacionados al disco al que pertenecen. Algo que se notó cuando “Labios de seda” precedió a “Llevátelo”. Además, ahí hubo un loop en vivo, de Ciro y su armónica. Indescriptible.
Luego Micky tomó el micrófono para sus “Fijate” (acompañado por proyecciones de nubes en las pantallas) y “Un buen día” (con imágenes de los músicos, distorsionadas con relieves). Luego, Ciro volvió a tomar la voz con “Agua”. Y entonces, sólo unas luces azules se enredaban en la oscuridad del estadio, mientras que las pantallas mostraban un mar irreverente, crudo, imponente.
Mientras tanto, en la platea, Pachi y Román, de 18 y 21 años, disfrutan del recital intensamente. Son de Hurlingham, y tocan juntos en una banda que se llama Bajo Cielo. Además, dan una mano en el Hogar del Barrio, que se llama María Virgen Madre. Cuentan que la primera vez que los vieron fue en Boca en el 2005. Al lado suyo están sentados Hernán y Germán, que son compañeros de trabajo. Hernán es de Villa Urquiza, tiene 30 años y vino del trabajo. Labura en Plaza de Mayo. Es licenciado en Recursos Humanos. La primera vez que los vio fue en Go de Mar del Plata. No recuerda en qué año, pero calcula que fue cerca de 1996. Germán, por su parte, es la segunda vez que los ve. La primera fue en uno de los Luna de abril. Volvió, porque le sorprende el show y la puesta en escena, aunque no acostumbra ver recitales de rock argentino. Él solía ir a conciertos de bandas internacionales que visitaban nuestro país en la década del 90.
“Cruces y flores” siguió la lista de temas. Luego sonó "Esquina libertad", con Tavo, Andrés, Micky y Piti bajo una pasarela que precede a las cuatro pantallas. Con una intro en la armónica de Andrés Ciro, llegó "Guadalupe". "Siempre bajando", con las todavía novedosas inclusiones de fragmentos de "Sympathy for the Devil" y "Hey Jude". Para "Difícil", las pantallas mostraban cuatro enormes puertas distintas, cerradas.
El siguiente tema -"Pacífico-" fue dedicado por Ciro a Coni. "¿Tres años ya? -se preguntó el cantante- Parece que hubiesen sido 5 minutos (bajo el agua)", bromeó Andrés. Luego, llegó "El farolito", con varias improvisaciones y solos. El primero fue el de "Chuky" De Ipola en el teclado. Mientras tanto, Ciro lanzó pedacitos de "Sex Machine" de James Brown. Después los palillos de Roger batieron puro pim pum pam durante casi dos minutos. Seguido, se coló un pedacito de "La rubia tarada", de Sumo. Y el Changuito improvisó en sus tambores, con la dirección del cantante a través de órdenes onomatopéyicas.
Después de un breve receso, llegó el momento que varios esperaban. La banda retornó al escenario para tocar "Bicho de ciudad", o la canción cuya partitura debe haber sido una de las más bajadas de internet en las últimas semanas. Así, frente al pedido de una guitarrista para tocar ese tema, subió Denisse, de Paternal. Tranquila, se calzó la viola. Casi comenzó el tema, pero hubo una segunda oportunidad y ahí fue cuando sonó entero. Denisse cumplió y dejó bien paradas a las guitarristas, al ser la primera chica que subió a rasgar las cuerdas en esa canción, en la quinta oportunidad en la que la banda invita a un piojoso a tocar.
Una versión del “Honky Tonk Woman”, de Los Rolling Stones fue lo que llegó después. Luego, “Verano del 92“, que parece que ya cumplió su condena de ausencia y “Genius” (precedido por “El mendigo del Docke” casi entera). Para “Morella”, los directores técnicos del pogo se las ingeniaron para unificar esos vacíos que se hacen antes de estallar en el salto caliente. Así, los claros de la izquierda y la derecha se hicieron uno solo, largo. Como una célula cuando se junta con otra y forman una más grande. Un solo ensordecedor de la mano de Tavo acompañó las imágenes de la pantalla, que proyectaban los pasillos de una casa vieja, coloreada en rojo.
Finalmente, un trozo de otro cover para el cierre ya inevitable: “Avenida Rivadavia”, de Manal.
”Buenos días Palomar” fue la ultima canción. La pantalla mostraba a los músicos con un efecto que emula la onda del agua cuando, por ejemplo, se le lanza una piedra. Ciro, que para entonces llevaba una remera del jugador de fútbol Javier Pinola, jugaba con el efecto. Luján, Morris, Villa Tesei, Lomas de Zamora, Laferrere y Boedo fueron algunas de las leídas. “Gracias por hacer de un martes un sábado”, dijo el cantante para cerrar.
Las calles del bajo porteño, ya acostumbradas a la invasión piojosa, se poblaron de pulóveres de lana de llama, vendedores de remeras y volanteros de próximas fechas de otras bandas. Los kioscos se atiborraban de compradores de gaseosa, panchos y cigarrillos. Por ahí estaban Aldana, de 20 años, que se volvía a su Villa Ballester. Se quedó con ganas de “Todo pasa”, pero no de “Genius”. Su primer ritual fue en este mismo lugar, pero en el 2003. También Lucas, Lali y Pamela, de Parque Patricios el primero y de San Cristóbal las segundas. Contentos, se volvían a sus casas juntos. Lucas tiene 16 años y su primer recital piojoso fue en el Pepsi de 2004. Lali, que tiene 24, los vio en Obras de 1996. Y Pamela, de 22, en Atlanta, en 2001.
Del mismo modo, y recibiendo las felicitaciones de unos cuantos que la reconocían, estaba Denisse, esperando que la pasen a buscar en la esquina de Corrientes y Alem. “No sé cómo estoy. Todavía siento la mano de Ciro en el hombro”, expresó. Tiene 19 años y toca la guitarra desde los 9, aunque hoy, en su banda Alquimia, toda el teclado. “Yo ya sabía que hoy iba a pedir que subiera una chica. Sabía –enfatiza convencida- que iba a subir yo. Entonces, cuando salieron, le pedí a un flaco que me lleve en hombros y enseguida subí al escenario”, describe Denisse sobre su momento feliz.
Así fue la primera de las dos lunas piojosas. Como dijo Ciro, un martes con gusto a sábado. Y una noche de otoño con perfume a tarde de verano.

Redacción: Nadia Mansilla
Foto: Sebastián Klein

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