jueves, 11 de diciembre de 2008

Parece que este baile es el que se baila acá

En la crónica del primero de los últimos Lunas piojosos de 2008, le dimos lugar a aquellos que cumplen con el ritual dentro del ritual de llevarse una remera como recuerdo de los shows. Anoche, la pregunta que les hicimos a algunos piojosos antes del segundo Luna, fue cuál era su integrante favorito y por qué.



Mauro, Tetu, El Dori y Julieta, venidos de Lanús, hacían la previa sentados en el suelo del campo del Luna. Coinciden en que escuchan a la banda desde hace banda. Mauro, de 19 años eligió al cantante Ciro como integrante favorito de Los Piojos, “porque el chabón es un capo. Y aparte, siempre se acuerda de la gente”. El Dori también considera a Ciro su favorito, “por las cosas que hace arriba del escenario”, a lo que Mauro agrega que Ciro es “un raviol en agua hirviendo”. Julieta, de 15 y mucho más tímida que el resto del grupo, coincide y añade: “porque está bueno”. Para Tetu, en cambio, el mejor es Micky, dueño del bajo (“lo parto como un queso”, afirma).
Por otra parte del campo están Jimmy y Alejandro, que vinieron de su escuela, también en Lanús, de uno de los últimos días de su secundaria. Los dos están finalizando 5º año y Los Piojos fue el puente que los convirtió de compañeros a amigos. Coinciden en que su músico favorito es Ciro. Para Alejandro, por su histrionismo y porque “te hace cagar de risa”. Para Jimmy, porque “el chabón te actúa y te da otro show arriba del escenario”.


Para Rodrigo de Palomar, su preferido es “a muerte, Micky”, porque “le pone mucha garra y tiene una chispa que mata”. Con él estaban Cristian, Paula y Ailén, de Villa Luro, que coincidían en tener a Ciro como su predilecto. Para Cristian, porque “es el alma de la banda”; para Paula, “porque le pone vida al show” y para Ailén, más escueta, simplemente “por lo mismo que dicen ellos”.



Desde San Justo vinieron Agustina, Guillermo, Sebastián y Federico. Para Agustina, “Ciro es un personaje. Se come el escenario, se mete en las canciones, las personifica. Y Chucky, que hace esos solos impresionantes, también es muy talentoso”. Para Sebastián, el cantante de la banda es dueño de “un carisma impresionante, que le pone mucha diversión a los shows”. Federico, en cambio, afirma que le gusta “cuando Ciro se junta a joder con Micky. Entre los dos hacen cosas muy divertidas”, así, sin definirse por un único favorito. Guillermo, por su parte, se anunció predecible: “el mío es fácil porque toco la batería. Me gusta Roger. También el Changuito es una bestia. Los dos son unos bestias. Le ponen un estilo bárbaro a los shows”.


Mientras tanto, Alejandro, Sebastián y José, de Domínico, Gerli y Bernal respectivamente, coincidieron en no elegir uno en especial dentro de la banda. Para Alejandro, “porque todos hacen la banda”, lo mismo para José. Para Sebastián, porque “si es por uno, no los vengo a ver”. Mariela, de Saavedra, que está aprendiendo a tocar la guitarra, movilizada por su pasión piojosa, exclamó su admiración por Tavo. “Primero, porque es zurdo como yo. Segundo, porque hace unos riffs con la guitarra que me ponen la piel de gallina. Y tercero, porque está bárbaro”. Otro que está aprendiendo a tocar la guitarra es Roberto, de Almagro. Hace unos 7 meses agarró una española y se puso a estudiar. Este sería su primer ritual. Le gusta mucho el estilo “de el de la derecha”, en referencia al reciente piojo Juanchi Bisio. Pero también, le agrada “la voz rea de Ciro, que se mezcla tan bien con esa suma de candombe, tango y rock que tienen Los Piojos”.


A las 22, puntualmente, se apagaron las luces del Luna Park. Con una campera brillante, y remera piojosa y pantalón negro, Ciro salió a bailar, apenas volvieron las luces, los acordes de “Manjar”, que incluyó ese delicioso bocado de “Debede”, de Sumo, con el que suele venir. Luego, “Te diría” y “Babilonia”, que tan pedido había sido el día anterior.


“Buenas noches Luna Park”, dijo el cantante. Ante el pedido del público de agua agregó: “¿Al tercer tema piden agua? Al décimosexto pedimos champagne”. Imágenes de agua, tierra, fuego y aire se proyectaban en las pantallas de led que hacen de telón de fondo del escenario, complementando los movimientos de los músicos de la banda. Venía “Civilización”. Le siguió, “Angelito”. Una versión poderosa, furiosa, rabiosa de “Media caña” fue lo que sonó después. Algunas parejas de piojosos pretendían en vano mantenerse abrazadas a pesar del pogo.


Bien al taco, “Desde lejos no se ve”. “¡Ay! Qué bonito jueves!”, dijo el cantante, antes de cederle el micrófono a Micky, que llevando un gorro de Papá Noel, cantó “Fijate”. Mientras un chico se subió a los hombros de otro chico que se subió a los hombros de otro chico. Después, “Un buen día. Con “Fantasma”, Ciro volvió al micrófono. Para cuando terminó esa canción, las luces del escenario se encendían y apagaban, de manera similar a un relámpago. Muchos relámpagos. Ruido penetrante. Venía “Arco”. Y la guitarra de Tavo que sacudía intensamente sus cuerdas. El turno de un solo de Juanchi llegó para “A ver cuándo”, canción de “Azul” que no tocaban desde hacía largo tiempo. Llegó “Merecido”, con un video en las pantallas de un enmascarado que llama a develar el misterio. Le siguió “Salitral”, dedicado a Matías Martin, que estaba en el público de la platea.


Aquí Ciro se quedó en una estrofa. Un olvido que el público, cómplice, aplaudió. Al término del tema, el cantante se excusó: “¡Le juro que estudié señorita!... yo les voy a contar qué pasó: yo tenía un machete ahí arriba –arriba de los leds, donde estaba cuando se olvidó la letra- y se me cayó atrás del led”.


Así como en la noche anterior había bailado “Guadalupe”, en ésta Emine bailó la danza del vientre con “Llevátelo”. Iluminada con luces rosadas, vestida con un corpiño y una pollera larga, larguísima, invitó a otra sesión alucinante, conducida por los movimientos de sus caderas. “Ahora vamos a entrar en la recta final”, dijo Ciro, antes de tocar “Pacífico”, para cuando hubo bises.


Descanso de la banda, cantitos de arenga en el público a semioscuras del Luna. Vuelve la banda al escenario, y una zapada que deriva en “Let’s spend the night togheter”, de los Rolling Stones. Hubo lugar para una elegida del público, ante la invitación a una dama para tocar la guitarra en “Bicho de ciudad”. La afortunada fue Romina de Floresta. Cuando Micky se acercó a saludarla, Ciro le dijo “Micky, ¡sos alto!” porque la invitada era muy chaparrita. Risas. “Confiamos en vos. Ponemos todo esto a tu servicio”, le dijo el cantante a Romina, que arrancó a tocar con decisión.


"Chucky Churrasco, el terror del frigobar”, le dijo el cantante a Chucky De Ipola. El tecladista le respondió con una sonrisa cómplice. Un clima de regresados de viaje de egresados es el que caracterizó a estos shows del Luna. No es extraño. Los Piojos venían de una gira europea que les debe haber agregado más fuerza de cohesión a la que ya tenían. Después de que Ciro anunciara la salida del disco de De Ipola –“Concreto Disco”, su segundo trabajo solista- Chucky tipeó raudamente la intro de “Superstition”, de Stevie Wonder. Una versión en castellano que está incluida en el álbum de De Ipola, con Ciro como invitado. Una improvisación en las manos y los tambores del Changuito Farías Gómez y un solo arrasador de la batería de Roger Cardero, además de un pedacito de “Sex Machine”, de James Brown, fue lo que incluyó “No parés”, en el tramo final del segundo Luna de diciembre y el noveno del año.


“Vamos a hacer un viejo tema que dejamos de tocar”, dijo Ciro antes de lo que vendría: Juanchi Bisio sentado al lado de Roger, dándole a un bombo; el Changuito con un tambor en el lugar de Tavo y el resto de Los Piojos, gestando una tempestad sonora con “Verano del ’92”. Bises otra vez, para bajar la temperatura, que se había mantenido más alta que la jornada anterior durante toda la noche. Regreso de la banda al escenario con “Genius”.


A su término, un juego de luces acompañó una improvisación de la banda que terminó formando esa última estrofa, la más deliciosa, de “Morella”. Luego, “Buenos días Palomar” y el final con “Finale”, como pasaje para leer las banderas. San Telmo, Quilmes, Burzaco, Villa Bosch (“no vas a escaparte!”, agregó el cantante),La Boca, Moreno, Tigre y La Plata fueron algunas de las muchas que había, de todos los colores, procedencias y tamaños.


Un saludo de la banda, abrazados, arriba de la pasarela que promedia al escenario, mientras las pantallas proyectaban el piojo de "Civilización" fue la postal de la imagen de cierre. Con las luces prendidas, el Luna se desagotaba de piojosos. Afuera, un viento indefinible y una luna llena serían la compañía para los panchos y la gaseosa, otra costumbre de la salida de rituales, para recargar el tanque luego de haber dado rienda suelta a la exultación, que el viernes tendría su tercera sesión. La décima del año. Sensaciones que te agitan y que vuelven, siempre.



Foto: Sebastián Klein

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