jueves, 10 de marzo de 2011

"Lejos de pensar que caigo en el individualismo, desde el individuo hablo de un problema que es colectivo"

Andrés Zerneri x Nadia Mansilla

Andrés Zerneri es artista plástico. Nacido en Marcos Paz y criado en Merlo, tiene 38 años y vive en su taller de la calle Cabrera, en el barrio porteño de Palermo. A este pintor y escultor, se lo reconoce por haber realizado el primer Monumento al Che, que se concretara a través del acopio de llaves de miles de personas de todo el mundo y que fuera emplazado en Rosario, ciudad elegida por el voto de los participantes. Actualmente está trabajando hacia un monumento a los pueblos originarios, corporizado en la figura femenina; un monumento a la mujer originaria con el que desea destronar al General Roca de la Diagonal Sur. Zerneri, que hoy viernes
inaugura una exposición basada en una serie de cuadros que se llama Perfil de Grupo, que será en una galería del barrio de Belgrano. Es la primera vez que expone en un espacio así. Y en esta entrevista nos cuenta por qué.


Uno se imagina que un artista plástico como vos, que tiene una larga carrera, ya debe haber expuesto varias veces en una galería. Y sin embargo, no, esta es tu primera vez en uno de estos espacios. ¿Por qué es la primera vez que exponés en una galería?
Sí, yo expuse en muchos lugares. Expongo bastante seguido en espacios menos convencionales, como mi taller en Palermo o en salas grandes, como el Salón de los Pasos Perdidos, en la Facultad de Derecho. Y eventualmente hay exposiciones que se suceden aunque yo no esté. Como por ejemplo, en mayo del año pasado, en un centro cultural que se llama Alturas, en Stuttgart, Alemania. Ahí hay obras de tres artistas plásticos latinoamericanos, entre ellas la mía. Pero nunca expuse en una galería porque tenía como postura no tercerizar mi obra. Siempre me hice un camino autogestivo y las condiciones con las que quiero desarrollar mi obra, de absoluta libertad con respecto a la temática y el contexto en el que prefiero que se desenvuelva lo que yo digo a través de mis cuadros generalmente no encajaban con quienes administran o fomentan esos espacios, como los galeristas o los artdealers. Me parece que con su presencia suelen establecer una distancia en la relación entre el comprador y el artista. Ese es un espacio que yo siempre defendí como un espacio que forma parte de la comunicación, que es esto de dibujar y pintar.

¿Y qué es lo que querés decir a través de tus cuadros?
Lo que yo quiero decir son muchos temas y generalmente son cosas que pasan en la vida cotidiana. Mi perspectiva sobre la violencia, las desigualdades. Hablo de temas sociales a través de mis cuadros, no siempre de manera directa. Entonces, el cuadro, la obra, no es un fin en sí mismo si no es un canal para poder expresar sensaciones. No son manifiestos acabados, si no sensaciones y perspectivas personales.

¿Hay algunos artistas argentinos que hayan hecho un camino que te haya gustado, en esto de hablar de temáticas sociales a través de sus cuadros? Porque me imagino que debe ser un poco difícil denunciar realidades sociales a través de la pintura.
Bueno, no es un camino ni inédito ni difícil documentar a través de las artes situaciones, hechos sociales. Berni, unos 30, 35 años antes que Andy Warhol, se refería al consumo enfermizo de esta sociedad capitalista en toda su obra de Juanito Laguna y muchas otras obras que utilizaban el desecho como un elemento pictórico, o de relieve para resolver una cosa técnica, para subrayar un tema. En ese caso, la situación de la industria en la Argentina, la pobreza y la desigualdad que dejaba el marco gremial en nuestro país. El camino de Berni es uno de los que más puedo tomar como referencia. Después, hay una gran cantidad de artistas plásticos, justo en esta ciudad que debe ser la que mayor cantidad de artistas tiene en el mundo. No creo que haya una ciudad que tenga más cantidad de espacios de arte y de producción artística que Buenos Aires. Hay un perfil cultural en esta ciudad que hace que uno pueda alimentarse de compañeros que no son conocidos para nada, pero que desarrollan un camino absolutamente independiente y con una marcada postura política.

Vos estuviste en colectivos de arte en los que estaba centrada la expresión artística como herramienta de acción, como el grupo ACHA (Arte Como Herramienta de Acción) o Mercado Negro. ¿Cómo fue participar en esos colectivos artísticos?
Cuando yo participaba de esos grupos, donde el arte se transformaba no en un fin sino un camino, una herramienta, era un contexto un poco más difícil. Eso era en la primera mitad de la década del 90 y era una búsqueda tan conflictiva como nutricional y tan buena como caótica, tal como sucedió en otros aspectos de la expresión en la Argentina, en los que la crisis económica se iba profundizando. A la vez, los artistas podíamos contar cada vez con mayor expresión y mayores recursos, y quizá con más tiempo, a raíz de la desocupación, con la posibilidad de generar obras que tenían cada vez más vínculo con la calle, con el espacio público. En esos años, toda la expresión de marchas atravesó una metamorfosis, porque el arte agregaba una mano renovadora en la expresión y en las consignas. Por ejemplo, se venían haciendo las Marchas de la Resistencia desde muchos años antes, pero en esos años quienes teníamos algunas inquietudes artísticas, empezamos a participar en esas actividades con coros, tambores, obras de teatro, títeres gigantes, murales movibles. Recuerdo que en las primeras marchas, las propias Madres nos echaron a baldazos de agua y hoy todas estas expresiones artísticas forman parte de las marchas y de la expresión en la calle. También sucedía en los escraches, cuando se señalaban las casas de los represores. Quienes militábamos en HIJOS y pensábamos cómo debería ser ese acto de señalar la casa de un represor para reconvertir esa vereda en un espacio contrario a la guarida del asesino, el represor, el torturador. Y para que la sociedad entendiera que esa no era solamente su casa, si no que debía ser su celda. Para generar una condena social, lo que queríamos era generar un espacio de expresión, de libertad. Entonces, hacíamos actividades de teatro, coros y bombazos de pintura de colores. Entendíamos que el arte era tan provocador y tan funcional a este propósito de llamar la atención estratégicamente, en el sentido de la comunicación que se fue desarrollando. En ese momento era más caótico. Hoy es casi institucional porque el arte forma parte también ya de una propuesta política del propio gobierno.

¿A quién creés que le habla el arte hoy?
El arte es tan amplio en su posibilidad de expresión que está en todos los estratos, en todos los niveles. Hay quienes llevan a cabo un arte institucional, un arte de protesta, un arte de denuncia, un arte que está muy ligado a las consignas políticas oficiales. El arte es omnipresente hoy, a través de todas sus formas de expresión, de cualquier tipo de rama artística. Creo que también es lo que hace que se mantenga viva esta disciplina, que a diferencia de cualquier otra disciplina exacta, lo que se genera es que cada persona tiene un punto de vista distinto para expresar, reinterpretar, reinventar, interpretar. Esa dinamicidad hace que el arte siempre sea una cosa viva y que se pueda seguir discutiendo. Discutir nos hace más adultos, entonces es interesante que el arte esté ahí y se puedan generar discusiones y debates.

¿Cuáles son las cosas que influenciaron tu percepción?
Mi percepción fue influenciada por una forma de vivir que creo que no tiene nada que ver con el arte. Yo no vengo de una familia de artistas y no fue precisamente una formación académica la que alimentó mi desarrollo técnico. Lo que se fue gestando, tiene que ver con que en un principio era un juego, jugar a ser grande y hacer retratos parecidos, como una carta de presentación para otros. Desde muy chico yo decía “yo sé dibujar” y dibujaba fotos con un parecido que ahora ni me sale. O dibujaba escenas de cosas que me imaginaba, las representaba y jugaba a que las podía inventar. Eso mismo hago hoy, representando cartoneros y episodios de la vida cotidiana. Y trato de seguir inventando. Me parece que lo que acunó que hoy yo sea artista fue la solidaridad de mi madre, una enfermera en un barrio incipiente, que se estaba creando en Merlo, donde crecí. Y tener una cantidad de gente alrededor que tenía una función social. Toda mi familia materna participa en actividades políticas y está muy presente la vida social y militante. Creo que todas esas cosas funcionaron más que la propia enseñanza técnica o el desarrollo de técnicas plásticas para poder pintar o dibujar. Después, lo demás fue parte del experimento de hacer, de ir pintando y dibujando, haciendo esculturas. En eso se fue gestando un desarrollo técnico que fue funcional al discurso.

¿Y cómo llegaste a vivir en Buenos Aires?
Bueno, luego de haber vivido un tiempo en la ciudad de Neuquén, volví con la idea de desarrollar las actividades artísticas en la que para mí es la única ciudad del país donde realmente se puede trabajar en algo que tenga que ver con la publicidad, el cine, el teatro, la escenografía, que es la ciudad de Buenos Aires. Yo sabía que no iba a hacer el camino institucional, que no iba a estar en una escuela de arte. También estaba seguro que con esto de saber dibujar y pintar, mientras aprendía, también iba a poder desarrollar un trabajo. Tenía 21 años. Así que vine y mientras estaba estudiando música, empecé a trabajar en una productora de escenografía, para la que hice algunos trabajos que inclusive fueron premiados. Yo sabía que ese camino no iba a ser mi camino único y quería seguir hacia mi ideal, que era vivir de hacer cuadros y pinturas.

¿Pero no te parecía casi utópico, en un país en el que el consumo de cultura o bien está en los estatos más altos de la sociedad, o bien está orientado a los sectores más bajos, con productos provenientes de la piratería? Como si no hubiera un término medio, un espacio para vivir del arte. ¿Es posible vivir como artista plástico en Buenos Aires?
Para mí, sí. De hecho, mis grandes trabajos fueron cuando la crisis económica fue más profunda. Hay dos ciudades en el mundo que tienen un alto porcentaje de su economía destinado a la industria cultural. Una es Buenos Aires: tanta cantidad de dinero destinada a la industria cultural, no es porque lo consuman los estratos altos, sino que está popularizado. Es muy común encontrar un plomero, un remisero o un médico que luego de su trabajo desarrolla una actividad artística, toma clases de alguna disciplina. Y sucede un fenómeno con una sociedad que tiene estas cualidades. Esto que, por el contrario de las crisis en Europa, que cuanto más crisis, más recortes hace el Estado a las actividades menos importantes para la sociedad de consumo, que es el arte y la educación, justamente en esos países de Europa, el artista produce menos, porque desde hace muchos años tiene una relación con el Estado de existir en tanto haya una política cultural que lo beneficie. Y en Argentina, los artistas nunca tuvimos esa costumbre, ni tuvimos tanta relación con el Estado. Me parece que el terreno de lo autogestivo para los artistas es un camino que podemos encontrarle incluso la vuelta para que se transforme en una potente industria de la cultura. Por eso también es que yo no exponía en galerías y defendía el espacio alternativo, para no reconocer que el eje de la existencia de los artistas plásticos pasa por la decisión de un grupo de galeristas, que no solamente deciden la economía de esa área, si no que van a la vez casi prostituyendo la expresión de los artistas. En primer lugar es defender el espacio del artista y todo lo que tenga para decir, legítimamente. Y después, en términos económicos, nunca fue una gran ventaja existir bajo la voluntad de los galeristas. Siempre creí que hay un camino alternativo y de hecho, no me equivoqué porque siempre vendí obra por fuera de la galería. Sin embargo, eso no era una contienda o una postura de guerra contra las galerías, si no que simplemente no se daba el marco y por eso no exponía en una galería. Pero encontré una galería que para poder desarrollar una exposición, tiene los cuidados y la consideración necesarios conmigo como artista, para verlo en términos profesionales.

¿Qué es lo que uno va a encontrarse en esta exposición? ¿Una cantidad de cuadros que pertenecen a una serie, una retrospectiva?
Sí. En esta costumbre de hacer exposiciones hay una serie de convenciones en las que inevitablemente hay que caer. A mí me gustaría agarrar un montón de cuadros, exponerlos y listo. No me preocupa tanto la coherencia ni el hilo conductor. Pero siempre hay que ordenarlo de alguna manera y que un solo nombre encierre el concepto. El nombre que elegí es Perfil de Grupo y de lo que hablan estos cuadros es de personajes que están solos. Es un personaje por cuadro y cada uno nos lleva a entender que forma parte de algún grupo. Una mujer originaria, un laburante o un niño. Personajes que forman parte de un todo, de un estrato o un grupo. Entonces busqué generar una especie de tensión en esto de verlos solos y hay que llevarlos a ese lugar donde pertenecen. En la mayoría de los cuadros míos hay personajes solitarios en contextos abstractos, que generan esos contextos casi como si fueran una obra de teatro, algún tipo de sensación. Son cuadros serios. No es una obra feliz, exultante ni colorida. Tiene una paleta acotada. Si fuera una obra de teatro, sería una obra de comedia negra.

Perfil de grupo ¿Por qué elegiste ese nombre? Es un nombre que remite casi automáticamente a Facebook.
Porque la palabra “perfil” remite a la identidad. El perfil de una persona es como hablar de toda su identidad. Y perfil de grupo habla de la grupalidad, de pertenecer a algo. Por eso esta idea de que cada cuadro es como un fotograma de una historia, de una película que se refiere a de dónde somos y que todo va a converger en la misma cosa. Somos la raza humana y todos esos fotogramas terminan siendo una misma historia. Habla de la diversidad y de la posibilidad de que todos esos cuadros que conviven en una misma sala, es como una especie de recreo del mundo. Es un lugar donde nos juntamos todos.

Como Facebook.
Como Facebook.
¿Usás las redes sociales para difundir tus actividades?
Sí, uso mucho las redes sociales. Nunca para cosas personales, no tengo fotos de mi familia ni nada de eso. Me es muy útil para convocatorias, para mostrar el perfil que puedo diseñarme a través de esa red. O para todo lo que tiene que ver con el Monumento a la Mujer Originaria. Internet es una de las herramientas que más nos permite difundir el proyecto de manera democrática, masiva y barata. Y rápida. Hemos hecho convocatorias interesantes a través de las redes. También tiene esta ligereza que tiene Internet al alcance del músculo de un dedo, que estamos nosotros y están otros ochomil proyectos más. Pero nos permite desarrollar estrategias para poder llamar la atención y tener presencia en la red.

¿Cómo está yendo la recolección de bronce para el monumento? Considerando la mayor visibilidad que los Pueblos Originarios están teniendo tanto en los medios de comunicación como tema de charla en la sociedad.
Bueno, el Monumento a la Mujer Originaria es un proyecto que habla de los pueblos originarios. Y los pueblos originarios hoy cuentan con mayor visibilización de su situación en lo concerniente a la pérdida de sus culturas, a la propagación de sus valores, las denuncias de sus situaciones ambientales o la pérdida de sus territorios. Hay una recuperación de ciertos derechos, sabemos que su situación es crítica. Y un proyecto que habla de los Pueblos Originarios no podría ser exitoso. Diría que hasta no estaría bien que un proyecto que habla de los Pueblos Originarios realizado en la Ciudad de Buenos Aires sea exitoso, mientras que a los propios Pueblos Originarios no les está yendo bien. Este es un proyecto difícil de concretar porque para poder realizarse el monumento más grande que se va a hacer en Argentina, realizado en bronce, producto de la donación de muchísima gente…
¿Por cuántas van ahora?
Ya tenemos tres toneladas de las diez que necesitamos. Decía que es un proyecto que para poder ser llevado a cabo, tiene que cumplirse todo un proceso de aprendizaje tanto para quienes lo estamos haciendo como para los que se están enterando. Muchos de los que se enteran del proyecto, no sabían que en Argentina se hablan 14 lenguas, o que en nuestro país el 61% de la población tiene un vínculo genético con algún pueblo originario; o que en este país, que es una nación, conviven entre 26 y 30 naciones más. Esa es información que la mayoría de la gente no solamente no tiene si no que le es difícil digerirlo. Hay que empezar a decir otras frases para explicar quiénes somos y contar cómo es la historia de nuestra familia. Muchos contamos que la historia de nuestra familia comienza cuando un abuelo o un bisabuelo bajó de un barco. Y existimos a partir de la llegada de algún tipo de inmigrante. Nos olvidamos y tratamos de no reconocer que tenemos algún tipo de familiaridad con algún indio. Así que el proceso es lento, porque si proyectamos que tenemos tres toneladas de las diez que necesitamos, a dos años, necesitaríamos unos siete años más. Desearíamos terminar este proyecto mucho más rápido. Pero todo ese proceso de aprendizaje para todos, sobre nuestra propia identidad, también debería cumplirse. Así que es mejor respetar ese tiempo que el que se cuantifica en bronce.

Con lo cual termina teniendo que ver con participar en grupos artísticos, en los que el fin en sí mismo no es el arte, si no el proceso, el transitar el camino.
Sí, porque la propia obra de ese gran monumento construido de manera colectiva, no debería ser lo más importante, si no que debería ser la prueba física de la voluntad de la gente. Así que ese regalo que le vamos a hacer a la Ciudad de Buenos Aires, con la condición de que se saque el monumento a Roca y que se ponga en ese espacio esta obra de diez metros de altura, tiene que ser el producto de un gran avance en nuestra responsabilidad cívica, entendiendo que en la identidad de todos tenemos sangre originaria y sería un gesto, quizá uno de los más importantes que haremos para entender que los argentinos no somos una sucursal de Europa sino que estamos arraigados en Latinoamérica.

Para finalizar, hiciste el monumento al Che, estás yendo hacia un monumento a los pueblos originarios en la figura de la mujer y tus cuadros generalmente tienen un solo actor humano central: ¿por qué tu obra es siempre desde la individualidad, desde la soledad?
No es una expresión de deseo, sino un diagnóstico situacional. Cada uno de los grupos, de las etnias, de los pueblos y las familias se compone por la suma de individualidades. Es el inicio de la identidad. Creo que defender a uno es defender a todos. Cuando se habla de estadísticas, de cuántos niños mueren de hambre en porcentajes, no puede hacerse carne del dolor, de eso que nos debería generar el problema del otro, si no lo vemos puntualmente en la historia personal de alguien. Entonces, cuando yo intento retratar gente de un grupo, o la problemática de un fragmento de la sociedad, quizá solamente en mi oficio está la posibilidad de decir a través de sus ojos, su rostro, su mirada y su postura corporal, algo que tiene que ver con la situación de su grupo. Porque un problema de todos es en realidad la suma de un problema individual. Lejos de pensar que caigo en el individualismo, desde el individuo hablo de un problema que es colectivo.

Perfil de grupo inaugura hoy en Solange Guez Galería, Zapiola 2196, Belgrano. La muestra durará hasta el 6 de abril. Horario: Martes a Viernes de 14 a 19hs. Sábados de 16 a 20hs.
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